Por décadas, farmacéuticas y centros de investigación han buscado diversas formas de administrar insulina de manera oral para que los pacientes con diabetes, principalmente del tipo I, se olviden de aplicarla vía subcutánea. No obstante, el problema más recurrente con el que han tropezado es que la hormona se pierde en el proceso digestivo y no llega finalmente al colon donde puede ser absorbida y distribuida al organismo para su mejor aprovechamiento.